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Encuesta: Jornadas Villistas

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Vientos Agridulces.- Una vez más, es manifiesto que aquí en la pomposamente llamada “Capital del Mundo”, los antagónicos naturales de los habitantes de la también denominada “sucursal del cielo”, somos los mismos habitantes; es decir el “canibalismo social” es el deporte más practicado –no es cierto que sea el beisbol- aquí en la congestionada y polvosa “futura base espacial” o sea la adjetivada ciudad de Parral.

 

Ciertamente que la “antropofagia parralense” es de cuño propio, dicho de otra manera, los “parralitos o parraleses” somos muy originales en eso de hacer trizas con “la que no tiene hueso” –la lengua-, el trabajo, prestigio, trayectoria, historia y esfuerzo ajeno.. Porque sépalo, disímbolo lector, si algo no está permitido en estos “lares” es el éxito del vecino, que no se le ocurra triunfar en cualquier cosa, porque inmediatamente hay una “reacción atómica en cadena”, radioactiva y destructora.

 

Aquí, para que nadie lo critique, envidie y finalmente lo quiera desmantelar, tiene que pasar “desapercibido”. Así es, para que no se lo “engullan”, mejor nade de muertito, no se mueva, no llame la atención, no opine y mucho menos se le ocurra triunfar en algo, porque eso es imperdonable. 

  

¿A qué viene esta reflexión?, pues al comentario “canino” de un “inflado discursista radial ¿?” que muy ácido descalificó la “octogenaria” tradición de las Enchiladas Doña Cuca, una de las inolvidables “Siete maravillas de Parral”, modesto negocio que en el evento de “La muestra Gastronómica” del próximo lunes será reconocido por su trayectoria ininterrumpida.

 

Y es que como le digo, es muy fácil descalificar, sin tener “los elementos capilares de la consorte del pollino en la diestra, o sea sin tener los pelos de la burra en la mano”. Que sabe esa gente por las circunstancias que habrá pasado la gente que con dignidad y trabajo mantiene vigente este sencillo negocio.

 

Que sabe esta gente del orgullo de los propietarios de la vendimia de los tradicionales antojitos, de tostadas y enchiladas que mantienen el “cordón umbilical” con sus orígenes, a cientos de parralenses ausentes y lejanos, y que por azares del destino dejaron la patria chica, para buscar mejores expectativas de vida. Como dice la canción “que sabes tú, tú no sabes nada…” 

   

Las Enchiladas Doña Cuca, al igual que el “puente Calicanto” han soportado los embates del tiempo y con la dignidad de los “bien hechos” ambos se mantienen en su lugar –son vecinos-. Uno con las delicias del sabor de la cocina regional, muy característica de Parral; el otro con la reciedumbre de los símbolos inamovibles de la ciudad, muy fuertes, arraigados ambos, en nuestra historia y nuestras costumbres. 

Enchiladas Doña Cuca es un negocio familiar que viene de generación en generación; y con la responsabilidad heredada, orgullosos, los actuales propietarios sostienen la tradición y sin presunción ni grandes ganancias van caminando por la vida, compitiendo lo mismo con “alimento chatarra”, paladares insensibles, que comidas insípidas sin nutrientes y críticas gratuitas. No importa, aún existe gente que los valora, no solo por el sabor, sino por el respeto que se han ganado al mantener una de nuestras tradiciones allí, en ese rincón de la calle del Rayo. Felicidades, mi admiración y respeto de siempre. Salud y buen provecho. Abur.           

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