¿NO QUE NO? O DE LIBROS Y DE FE. 2ª. DE 3 PARTES.

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Enero 17 de 2017.- Si ya leyó usted la saga de Carlos Ruiz Zafón que empezó con “La sombra del viento”,1 debe de leer “El laberinto de los espíritus”.2 La novela es buena sin ser matadora; en mi opinión hay que leerla por la simple razón de que uno quiere saber cómo acaba ese desmoche de cuatro entregas, pero yo sentí “forzadita” la trama; lograda sólo por la maestría del autor. Dijo Adolfo cuando le comenté que mi atado de libros la incluía: “Cuando me dijiste que la traías, sentí ganas de llorar”.

Por lo que hace a “Retrato de un hombre inmaduro”, “Así empieza lo malo”, “No es el fin del Mundo” y “Aurora Boreal”, los puede usted leer… o no, y no pasa nada; novelas intrascendentes, son de esas que, como ya dije, corre uno el riesgo de leerlas en vena de descubridor pero resultan experiencias frustradas. No me gustaron y punto. Allá usted si corre riesgos.

Otra cosa fueron “Demencia”, de Eloy Urroz y “Tierra roja”, de Pedro Ángel Palou; escribí en “Adolfo”, y repito ahora: “Me enojé con Volpi, […] me desilusioné de Urroz, odié a Palau”; de Urroz, novelista consumado, esperaba más; la contraportada dice, entre otras cosas: “Dos asesinatos. Tres amigos. Dos hermosas pianistas. Una ciudad enloquecida y una historia trepidante son los ingredientes de este salvaje thriller capitalino […] Novela negra y surrealista, Demencia es el relato alucinado del violinista Fabián Alfaro”. No se aprecia por ningún lado la ciudad enloquecida, ni la historia trepidante, ni el thriller capitalino, ni la novela negra y surrealista, ni el relato alucinado. Es una novela caótica, sin pies ni cabeza; y con un lenguaje, un ritmo y una trama que dejan mucho qué desear. Un fiasco.

En tanto que, si Urroz peca de escasez, Pedro Ángel Palou peca de exceso pues “Tierra roja” es más de lo mismo. He leído de él cinco novelas: El dinero del diablo (Planeta, 2009); El impostor, la verdadera historia de Pablo de Tarso: El espía que se convirtió en Apóstol (Planeta, 2012); La amante del guetto (Planeta, 2013); No me dejen morir así (Planeta, 2014); y ahora este bodrio. Tal pareciera que Palou halló la fórmula para escribir novelas: Hace una investigación bibliográfica al tuntún, junta los pedazos, arma una trama completamente insulsa (de misterio, de amor, policiaca, etc.) que pretende vertebrar una narración histórica y ya está. “Tierra roja” no le aporta nada ni a la literatura ni a la historia mexicana y ensalza a lo baboso a Lázaro Cárdenas; otro Presidente que, junto con Juárez, constituyen auténticos campeones del panteón mexicano cuando, de ser justa la historia, deberían ser recordados como lo que fueron: Traidores incompetentes y vendepatrias. No pienso volver a abrir un libro de él en mi vida y, para el caso, de Urroz tampoco. Me imagino que esto no constituye un cataclismo en sus vidas pero estoy hablando por mí.

 Así llegamos a “Examen de mi padre” de Jorge Volpi. En algún lado he escrito que, para mí, Volpi es uno de los mejores novelistas mexicanos contemporáneos; y este libro suyo lo retrata como lo que es: Un narrador magnífico. Sin embargo, creo que constituye un fallido ensayo pues aborda temas para los que no tiene el conocimiento necesario o simplemente se dejó llevar por una exuberancia retórica. Lo que es peor, su ateísmo autodeclarado, lo lleva a decir estupideces reverberantes: “Bien entendida, la misericordia provoca que la miseria ajena se introduzca en nuestro corazón, que nos toque, nos perturbe y nos concierna aunque no para sufrir, no para apoderarnos del dolor del otro, no para salvarlo ──como Cristo──. Sino para ponernos en marcha, para actuar, para hacer cuanto esté en nuestras manos para remediar un poco ese dolor que se convierte, al menos por un instante, en nuestro dolor”.3 Sostengo que su ignorancia, o fanatismo antirreligioso, lo trastorna, dado que no hay peor manera de entender la fe cristina que como él lo pretende; En modo alguno la fe cristina es pasiva: Bien entendida, es sinónimo de misericordia y nos convoca -en cierto modo nos exige- ponernos en marcha para hacer cuanto esté en nuestras manos para remediar el dolor ajeno. Es falso que la salvación anunciada por Cristo se limite al llamado de una fe vacía de militancia; la fe cristiana es una invitación permanente para ser y estar en el otro y por el otro en el nombre de Dios. Irreligiosidad e ignorancia que no afirmo yo a lo tarugo, conste; dice él: “En toda religión, el secreto mejor custodiado es que no hay secreto, que dios no existe, que no se ha revelado a los hombres, que no dirige sus actos, que no los observa sin tregua, que no los domina ni los acecha”.4 A lo que volveré más tarde.

Otro fallo garrafal del libro es una contradicción gigantesca que desbarata muchos de sus postulados. Volpi “denuncia”, por así decirlo, y se lamenta, de esa reflexión totalizadora que a mediados de los años cincuenta del Siglo pasado intentó compendiar México: “Cuan vacuo suena ahora esa filosofía de lo mexicano que entretuvo a Ramos, Zea o Uranga y que culmina con esa extravagante fantasía que aún se lee obligatoriamente en las escuelas, El laberinto de la soledad! ¡Qué empeño demencial ──o pueril── por establecer lo que nos vuelve típicamente mexicanos, es decir, lo que nos separa de los demás habitantes del planeta! ¿Qué significa ser mexicano, francés, malayo o chipriota? Si somos sinceros, no demasiado: haber nacido y crecido en un territorio particular, tener un pasaporte, haber sido adoctrinado para asumir ciertas ideas por encima de otras y haber copiado, de modo más o menos involuntario, la conductas, costumbres y perjuicios de nuestros padres y vecinos”.5

Ni siquiera voy a intentar “defender” (básicamente porque no lo necesitan) a Ramos, Zea, Uranga o -¡ay, Dios mío!- a Octavio Paz; lo que ocurre es que, si partimos de la premisa sustentada por Volpi, lo vacuo de la “filosofía de lo mexicano” y lo demencial -o pueril- del empeño por establecer lo que “nos vuelve típicamente mexicanos”, la generalizaciones que él hace en el transcurso de su escrito caen por su propio peso. En realidad se nos ceñimos a rajatabla a esa premisa, cualquier esfuerzo por hallar una categoría, sobre el nacionalismo, la religión, un modo de ser cultural, etc., resulta vacuo, demencial o pueril, por emplear las mismas palabras del autor.

Continuará…

Contácteme en https://unareflexionpersonal.wordpress.com/, que es la dirección de mi blog; en mi en mi cuenta de Facebook (Luis Villegas Montes) o a través de mi correo electrónico; o bien, síganme en los medios que gentilmente me publican cada semana.

Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

1 RUIZ ZAFÓN, Carlos. La sombra del Viento. Planeta. México. 2002.

2 RUIZ ZAFÓN, Carlos. El laberinto de los espíritus. Planeta. México. 2016.

3 VOLPI, Jorge. Examen de mi padre. Alfaguara. México. 2016. Págs. 135 y 136.

4 Op. cit. Pág. 209.

5 Op. cit. Pág. 281.

 

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