Noticias en tu Email
Chihuahua, Chih., a 31 de Julio de 2009.- La historia de México no se entiende sin Chihuahua y sin los chihuahuenses, pues aquí, la sangre del prócer de la Independencia cayó en un suelo más que fértil.
Así lo expresó la secretaria de Educación y Cultura, al presentar la escenificación del fusilamiento del cura Don Miguel Hidalgo y Costilla, en el 198 aniversario de este hecho histórico.
El evento cívico se llevó a cabo la noche de este jueves en el patio central de Palacio de Gobierno, donde se concentraron cientos de personas para presenciar la muerte del llamado “Padre de la Patria”.
Con la representación oficial del gobernador del estado, la titular de la SEC expresó que la forma de ser, de pensar y de vivir en Chihuahua, es más evidente en el trato solidario de quienes atendieron al caudillo en su cautiverio, que en las balas que cegaron aquí su vida.
“Chihuahua es un estado revolucionario por definición; un pueblo con vocación social y por eso hemos sido escenario y caja de resonancia de las dos grandes revoluciones de México; la de la Independencia y la de 1910”, expresó la funcionaria estatal.
Es por ello que Chihuahua, recalcó, es cuna y casa de la Revolución, lo mismo en el patio de Palacio de Gobierno, donde se sitúa el Altar de la Patria, que en Cuchillo Parado (en donde inicia la Revolución Mexicana).
Consideró que el pueblo chihuahuense se siente hoy orgulloso de haber recibido la sangre valiente y visionaria de Hidalgo; de haber sido un remanso de protección para la República juarista; de poner en práctica las propuestas sociales más avanzadas del movimiento revolucionario y de llegar a este 2009, creciendo con armonía y madurando en la democracia.
La escenificación del fusilamiento de Hidalgo fue presentada por un grupo de actores que dieron vida a los principales personajes históricos de este hecho ocurrido en Chihuahua la mañana del día el 30 de julio de 1811.
En el evento estuvieron presentes autoridades estatales y militares, así como representantes del Congreso del Estado, del Supremo Tribunal de Justicia y de la asociación civil Tres Siglos, Tres Fiestas.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Desde 1808 las ideas de libertad e igualdad que inspiraban al movimiento insurgente, eran ampliamente compartidas, a pesar de que la distancia y las dificultades del camino, hacían que todo el norte pareciera aislado.
Después de la captura de los líderes insurgentes en las Norias de Baján (hoy estado de Coahuila), éstos fueron conducidos a la Villa de San
Felipe el Real de Chihuahua, por ser ésta la residencia oficial del Comandante Militar de las Provincias Internas y haber sido aprehendidos dentro de su jurisdicción.
El día 23 de abril de 1811, más de 22 insurgentes llegaron a Chihuahua en calidad de prisioneros rumbo al lugar de su prisión: el Real Hospital Militar (Excolegio de Jesuitas) y el convento de San Francisco.
Los casos de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueron encomendados a Ángel de Abella y se instruyó que los juicios se celebraran de la manera más rápida posible, iniciándose con las declaraciones de los prisioneros y terminando con la sentencia de muerte a los rebeldes y su ejecución en la plazoleta de los ejercicios.
Sobre Hidalgo pesaban las más fuertes acusaciones del gobierno, por ser el principal líder de la insurrección, por lo que se le siguió primero un proceso eclesiástico y posteriormente, un juicio militar.
El 29 de julio de 1811, el Tribunal Eclesiástico lo degradó, privándolo de todos los fueros y ornamentos clericales para despojarlo de su investidura sacerdotal. Luego lo entregó a las autoridades militares, las que le notificaron la sentencia de muerte a la que había sido condenado y que tendría efecto el día 30 de julio.
Durante su estancia de poco más de 3 meses en la Villa de Chihuahua, estuvo preso en el calabozo formado por la inconclusa torre de la capilla del excolegio de Jesuitas.
Según los documentos y testimonios de la época, poco antes de las siete de la mañana del 30 de julio de 1811, Don Miguel Hidalgo y Costilla fue conducido desde su prisión hasta el patio interior del Excolegio de Jesuitas (hoy Palacio de Gobierno), donde habría de morir fusilado a manos de un pelotón compuesto por 12 soldados, comandados por el Teniente Pedro Armendáriz.
Su cuerpo fue expuesto al público durante algunas horas en una mesa, a la derecha de la puerta principal del Hospital y sobre ella una silla, en la que lo sentaron para que lo viera el público, posteriormente decapitaron el cadáver de Hidalgo al igual que el de Allende, Aldama y Jiménez.
Luego sus cabezas fueron saladas y enviadas a Guanajuato para ser expuestas en unas jaulas de hierro en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas.





General
Estado
Local
Opinión
Policiaca
Parralimagen


